Salud

Acostarse como experto y despertar como novato

Hay frases que no describen una época: la atraviesan como un rayo. “Me acuesto como experto, me levanto como novato” pertenece a esa clase de ideas que incomodan porque expresa, en pocas palabras, lo que muchos perciben y pocos se animan a aceptar: el conocimiento ya no es una posesión estable. Es una condición transitoria.

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Durante mucho tiempo, ser experto significaba haber llegado. Haber acumulado años, lecturas, experiencia, títulos, contactos, método. El experto era quien sabía. Hoy, en cambio, el experto empieza a parecerse más a quien aprende más rápido que los demás, desaprende sin vanidad y vuelve a construir criterio antes de que termine el día.

La inteligencia híbrida y el fin del conocimiento como certeza permanente

La tecnología dejó de avanzar en línea recta. Avanza por saltos, por capas, por irrupciones. Cada nueva herramienta no solo mejora lo anterior: cambia las preguntas. La inteligencia artificial generativa, la automatización, los modelos de lenguaje, la robótica, la ciberseguridad, la biotecnología y el análisis masivo de datos están modificando no solo cómo producimos, sino cómo pensamos, decidimos y nos organizamos.

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El desafío no es solamente tecnológico: es cultural, porque el problema no es despertarse novato. El problema es seguir actuando como experto en un mundo que cambió durante la noche.

La inteligencia híbrida –esa combinación entre inteligencia humana, inteligencia artificial, experiencia práctica, criterio ético y capacidad organizacional– aparece como una de las respuestas más relevantes a la complejidad. No se trata de reemplazar al ser humano por la máquina, ni de romantizar al ser humano como si pudiera solo frente al vértigo. Se trata de construir una nueva forma de inteligencia ampliada, donde la persona no pierde centralidad, pero tampoco se encierra en la soberbia de creer que su conocimiento anterior alcanza.

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Te puede interesar:Doron Aurbach: “Estamos obligados a actuar para evitar que el planeta se convierta en un infierno”Lo cierto es que entre la inteligencia artificial , el transhumanismo,y la robótica se forma un triángulo 4.0 que puede estar más cerca (Istock)Hoy, en cambio, el experto empieza a parecerse más a quien aprende más rápido que los demás, desaprende sin vanidad y vuelve a construir criterio antes de que termine el día (Foto: archivo DEF)

Aprender a tiempo: la nueva disciplina que exige un mundo que cambia

En ese escenario, la humildad intelectual deja de ser una virtud decorativa y se convierte en una competencia estratégica. Decir “no sé” ya no debería interpretarse como una debilidad, sino como un punto de partida. La verdadera amenaza no es la ignorancia reconocida; es la ignorancia disfrazada de certeza.

El experto del futuro será, probablemente, un novato disciplinado. Alguien capaz de mirar una herramienta nueva sin miedo, una crisis sin parálisis y un problema complejo sin buscar respuestas simples. Alguien que entienda que aprender no es una etapa de la vida, sino una forma permanente de estar en el mundo.

Por eso, la educación se vuelve el centro de la discusión. No como sistema burocrático que administra contenidos, sino como política de supervivencia social. Educar ya no puede limitarse a transmitir información, porque la información abunda. Lo que falta es criterio. Lo que falta es pensamiento crítico. Lo que falta es capacidad de formular mejores preguntas, distinguir lo verdadero de lo verosímil, comprender sistemas, trabajar con otros, adaptarse sin perder identidad y usar la tecnología sin ser usado por ella.

Dicho en criollo: no alcanza con saber apretar botones. Hay que saber por quépara quécon qué consecuencias y bajo qué valores.

Una oportunidad para Argentina, pero con condiciones

Para países como la Argentina, este cambio abre una oportunidad enorme. También una advertencia. Una nación que no logra continuidad en sus políticas de Estado, que discute siempre desde la urgencia y pocas veces desde el futuro, corre el riesgo de despertarse novata todos los días sin intentar volver a ser experta nunca. Pero también puede hacer de esa condición una ventaja: reconocer que muchas estructuras heredadas ya no sirven y animarse a diseñar otras.