Cómo evitar que se agrieten las manos y los labios durante el invierno
Durante los meses más fríos del año, es común que muchas personas noten que sus manos se vuelven ásperas, se enrojecen o incluso presentan pequeñas grietas. Los labios también suelen verse afectados, con descamación, ardor o heridas que pueden resultar dolorosas.
Aunque estos síntomas suelen atribuirse únicamente a la falta de hidratación, existen otros factores relacionados con el invierno que también influyen.
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El frío provoca una respuesta natural del organismo conocida como vasoconstricción. Esto significa que los vasos sanguíneos se estrechan para conservar el calor corporal, reduciendo el flujo de sangre hacia las extremidades. Como consecuencia, la piel recibe menos oxígeno y nutrientes, mientras que el viento, la baja humedad ambiental y los ambientes calefaccionados favorecen la pérdida de agua y el deterioro de la barrera cutánea.
Por qué las manos y los labios son las zonas más afectadas
Las manos están expuestas constantemente al ambiente, al lavado frecuente y al contacto con distintos productos que pueden alterar la protección natural de la piel. Los labios, por su parte, cuentan con una capa protectora más fina y poseen menos glándulas sebáceas que otras regiones del cuerpo.
Según la American Academy of Dermatology (AAD), el frío, el viento y la baja humedad reducen la capacidad de la piel para retener agua, lo que favorece la aparición de sequedad, irritación y grietas. Además, el uso de agua muy caliente para lavarse las manos o la cara puede agravar el problema al eliminar los aceites naturales que protegen la superficie cutánea.

Entre los factores que aumentan el riesgo de resequedad durante el invierno se encuentran:
- La exposición prolongada al frío y al viento.
- Los cambios bruscos entre ambientes calefaccionados y exteriores.
- El lavado frecuente de manos.
- El uso de jabones agresivos.
- La baja humedad ambiental.
- La disminución del flujo sanguíneo hacia las extremidades.